Iris Azquinezer se suma a la FUNDACIÓN Musicoterapia y Salud

Desde hoy contamos con un registro musical y humano nuevo. Cuerdas afinadas en do, sol, re la, un arco, una arquitectura de madera torneada, mucha sensibilidad estética y horas de trabajo y especialización, iniciadas allá por los tres años. Todo para convertir estos elementos en una puerta hacia la emoción estética. Armonía de formas, sonidos coordinados, belleza sensitiva e inquietudes estéticas: Iris Azquinezer, quien se suma al ya gran elenco de músicos y personalidades del deporte que respaldan y difunden el empeño terapéutico a través de la música de la Fundación MUSICOTERAPIA y SALUD.

Iris lleva los malabares sonoros de su violonchelo por toda Europa, devolviendo a su hogar los sonidos originales que tejieron los compositores barrocos, esos que degustaban de otro modo el tiempo. Alemania, Suiza, Italia, Turquía o España han acogido sus trazas de cuerda, ya sea como solista o dentro de formaciones orquestales y de cámara. Conciertos, grabaciones, festivales... oportunidades diversas para soñar desde el presente de cada nota, para guiar la escucha musical de muchas personas.

Tutelaron su aprendizaje Suzana Stefanovic y Ángel García Jermann en España, Xenia Jankovic y el Auryn Quartett en Alemania, así como la Fundación Albéniz, de quien recibió una beca para estudiar en la Escuela Superior Reina Sofía con Günter Pichler.

Ha colaborado con artistas de diversa índole. Tanto clásicos como del mundo del pop y el jazz. Baste nombrar a Xenia Jankovic, Gerhard Weinberger, U. A. Mathé, Claudius Hermann, Paolo Giacometti y Gerhild Romberger, Michel Buble o Antonio Orozco entre otros; ha sido además solista de violonchelos de la Barock Akademie en Detmold, dirigida por Gerhard Weinberger, con quien grabó el Mesías de Händel.

También busca la impronta de otros lenguajes musicales con el llamado Ensemble Vinorosso. Con ellos ha grabado cuatro CD’s y girado por Alemania, Bélgica y China.  Sólo nos queda animaos a conocer más a Iris, a degustar las sonoridades que hilvanan sus manos sobre el violonchelo y a sentir las grandes y profundos espacios que provoca su música.


David Gamella

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